10 claves para llegar a ser buen músico

Catorce años de enseñanza reglada dan para asimilar muchisima información. El sistema educativo actual cubre una grandisima parte de los aspectos que necesita una persona para poder ser músico, pero hay más, mucho más. Aquí os dejo algunas cosas importantes que no aparecen en los libros de escalas y estudios:

1. Formación:

Si bien es cierto que hay quienes nacen con una aptitud especial para las artes, la música tiene además un aspecto técnico muy importante al que hay que prestar mucha atención. Para aprender a dominar las posibilidades que nos brinda la música debemos estudiar y conocer los entresijos del arte, saber “leer” la partitura y todo lo que hay más allá a nivel técnico y estético. Por descontado, el dominio de la técnica con nuestro instrumento es fundamental, y ello se consigue a través de la formación y sobretodo muchas, muchas horas de estudio.

2. Equipo

El hábito no hace al monje y Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Un buen músico hará Música, con mayúsculas, con cualquier instrumento independientemente de su calidad. Pero, si queremos llegar a ser buenos músicos, deberemos invertir en uno que nos permita el mayor grado de perfección técnica posible en aspectos tan impotantes como afinación, color, versatilidad… o la propia durabilidad del instrumento. Ahora bien, hay que tener en cuenta que el instrumento por si solo no significará nada, los resultados serán los mejores que se puedan esperar si estableces una relación con él, y eso se consigue pasando muchas horas juntos…

3. Escuchar

musicos de calle
Fotografía de Guillermo Fdez con licencia C.C.

Un buen ejercicio para desarrollar el “oido musical” es escuchar mucha música  y aprender de los otros. Música de todas las épocas y estilos. No solo de “clásico” vive el hombre, y el músico tampoco. Hay que escuchar mucha música de la que llamamos “clasica”, culta o de conservatorio, si, pero también jazz, rock, salsa, pop, músicas tradicionales de los cinco continentes y cualquier cosa que caiga en nuestros oidos… De esta manera, asumiremos naturalmente eso que se conoce como musicalidad, que no es otra cosa que interiorizar el “lenguaje” musical con sus frases y su sistema sintáctico, tensiones, intenciones… Cuanta más música y más variada escuchemos, nuestra panorámica musical será más abierta.

4. Experimentar

Escuchar es importante, tocar aún más. Nuestra profesión refleja nuestra actitud ante la vida y aún cuando hayamos comprendido y asimilado los conceptos técnicos, la gran variedad de situaciones que podemos encontrar sobre un escenario nos obliga a experimentar para comprobar cómo nos sentimos en cada una de ellas.

5. Crecer

A medida que hacemos música variamos nuestros gustos, nuestro estilo, sonido, etc… y con el correr del tiempo notaremos un crecimiento y mayor seguridad en nuestro manera de ser músico.

6. Concursos y Conciertos

Aunque no se trata de crear un fanatismo por los concursos, el sólo hecho de participar nos obliga a cumplir ciertos estándares de calidad que seguramente redundarán en una mejora de nuestra práctica. Además de la posibilidad de generar una gran autoestima al participar, por ejemplo, de conciertos grupales o individuales, que ayudarán a que nos asumamos como músicos serios.

7. Comunidad

Acercarnos a gente que siente la misma pasión por la música nos traerá como beneficio un importante intercambio de experiencias y conocimientos y nos permitirá ubicarnos con respecto al resto en cuanto a calidad y de trabajo. Cuanto más participemos y compartamos, más recibiremos. Esto incluye formaciones amateur, orquestas jóvenes, cafés después de clase, redes sociales….

8. Observar

La música cuenta historias y habla de la vida. Observar el mundo que nos rodea, la gente a nuestro alrededor, sus historias, sus anhelos, pasiones, miedos, sueños… Aumentará nuestra capacidad de empatizar, algo fundamental cuando se supone que debes interpretar la intención del compositor. Lo mismo que la buena literatura, aquella que trata sobre el ser humano.  Lee.

9. Diferenciarse

il trombone
Fotografía de nardino con licencia Creative Commons

Músicos habemos muchos, y de según que instrumentos, todavía más. Aportar algo diferente y único te hará ser, precisamente, diferente y único, y por ello más valorado. Llevar la misma obra que todos, haciendo lo mismo que todos no te ayudará a marcar la diferencia. Hay que innovar, explorar y atreverse a salir del redil. Pero con buen gusto, por favor: los experimentos, con gaseosa.

10. Buscar oportunidades

Conseguir los primeros bolos es algo que llega con el tiempo, pero no viene solo, y menos aún en la era de las redes sociales, donde la visibilidad pública es tan importante como la calidad intepretativa. Lo suyo es buscar uno mismo sus oportunidades, ofrecerse, implicarse en proyectos emergentes aportando valor añadido a los mismos. Eso si, manteniendo siempre la dignidad profesional; unos mínimos de seriedad y ética (lo que no significa ir de divo por la vida) que no solo aumentarán tu respetabilidad en el “mundillo”, también contribuirás a la dignidad de toda la profesión.

 

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Sé optimista

Vuelvo a las andadas blogueras. Después de algo más de un mes desde que me robaron la tuba y tener que centrar gran parte de mi energía en gestionar cómo volver a la normalidad en la medida de lo posible, me he propuesto volver a escribir e intentar recuperar un ritmo regular de publicación. También me he propuesto que éste tema no monopolice los contenidos del blog, aunque una situación de crisis siempre deja una huella profunda y, lo que es más importante si se es capaz de ver, lecciones importantes para la vida, y por eso sospecho que me va a dar para muchas reflexiones como la de hoy.

¿Medio lleno o medio vacío?
¿Medio lleno o medio vacío?

Fue una putada, sí, y no se lo deseo ni al peor de los músicos, pero lamentarse por ello no cambiará nada. Una situación desagradable, incómoda y que encima seguramente me va a costar un buen dinero que pensaba dedicar a otras cosas. Pero nada más; toca mirar al frente, seguir adelante y sacar lo positivo de la situación, aunque parezca imposible.

Una de las primeras cosas que me dijo un buen amigo fue “algo bueno sacarás de todo esto”, y tal como terminó la frase le miré con cara de incrédulo y con cierto sarcasmo. Pero la sentencia había calado, me cargó de optimismo e inconscientemente empecé a repasar la lista de posibles cosas buenas que estaba provocando la situación. De momento la lista no ha dejado de crecer, lo cual ayuda a convencerme de que todo lo que nos ocurre tiene sus consecuencias positivas.

Vale, no siempre apetece ser optimista. En ocasiones el cuerpo te pide meterte debajo de la manta, aislarte del mundo y quedarte a solas con tus malos rollos, sintiéndolos bien presentes presionando tu pecho; y reconozco que hacerlo también es necesario, porque ayuda a ser consciente de que no todo es coser y cantar. La vida es dura, sí, pero cuando ya lo sepamos (¿seguro que lo sabes? siempre hay alguien que está peor que tú) debemos enfrentarla con la mejor actitud. Es simple: sólo hay que cambiar el chip, hacer un pequeño esfuerzo y crear el hábito de ver el lado positivo de lo que nos pasa. Por una vez, y sin que sirva de precedente, haré una recomendación bibliográfica al respecto y os aconsejo encarecidamente Smile 🙂 de Rubén Turienzo.

Imagen de previsualización de YouTube

Todavía no os he dicho cuales son las cosas buenas que he sacado de todo esto: He conocido personas maravillosas y me ha dado la oportunidad de comprobar que la gente es buena y te ayuda desinteresadamente, por pura empatía; he tenido ocasión de plantearme seriamente cambiar de tipo de tuba, con todo lo que ello comporta, para acabar reafirmándome en mis “creencias tubísticas”; también ha sido la excusa para poner en claro mis prioridades en varios aspectos profesionales, que si bien es algo que hay que revisar con regularidad la rutina hace que se vaya posponiendo sine die; me ha dado la oportunidad de volver la vista atrás y comprobar que diez años dan para haber hecho muchísimas cosas que hace once no podía ni haber imaginado, y con ello llegar a la conclusión de aquel gran hombre de que la vida es eso que nos pasa mientras nos empeñamos en hacer planes.

Para terminar este post os dejo un vídeo cargado de optimismo de los mayores genios del humor, los Monty Phyton, en la que es su película más irreverente: La vida de Brian (recomendación absoluta para mentes librepensantes). En la escena final de la crucifixión, cuando todo parece absolutamente perdido, qué mejor que cantar “Busca siempre el lado bueno de la vida”….

 

Foto de BaileyRaeWeaver con licencia Creative Commons

Alumnos 10

“Profesores que califican a sus alumnos de instrumento (elemental) con nota numérica de 10. ¿¿Ya no tienen nada que aprender y mejorar??”

Este pensamiento, lanzando al aire en plena época de calificaciones, dio pie al post que os traigo hoy. Para ser blogger tienen que gustarte las redes sociales, uso twitter y facebook para lanzar mis ideas con mucha frecuencia. Muchas pasan totalmente desapercibidas (afortunadamente, debería añadir), otras en cambio generan interesantes, intensos y apasionados debates que, en ocasiones merecen un trato más extenso.

10 10Es lo que sucedió con la frase que abre este post. Para poner en situación al personal: Finales del primer trimestre. Servidor entra a la página de calificaciones de la intranet del centro, y sin  ninguna intencionalidad observo que otro profesor ha calificado con nota numérica de 10 a varios de sus alumnos de un cursos intermedios de grado elemental. Reflexión instantánea y a las redes sociales.

Algunas opiniones defienden que, al tratarse de un sistema educativo basado en objetivos, si éstos son alcanzados satisfactoriamente deben traducirse en un incremento de la nota numérica, de manera que a mayor cantidad de objetivos alcanzados mayor será la calificación global hasta llegar al 10. En ese sentido, los objetivos (todos ellos) deberían ser objetivamente cuantificables; y ya sabemos que en la música pocas cosas son objetivas y cuantificables….

Tal como se deduce, mi postura particular es defender la imposibilidad de alcanzar la perfección que implica una nota máxima como es el 10/10. No en un ámbito como la educación musical elemental. No al menos de entrada. No en el primer trimestre del curso, cuando apenas empieza, y la maquinaria de las rutinas de clase y de estudio diario comienzan a  funcionar con solvencia.

Podría esgrimirse que ser trata de una calificación  de motivación para que el alumnado emprenda el trimestre de la mejor manera posible…

En definitiva, se trata de diferentes criterios respecto al proceso de aprendizaje de los alumnos y su plasmación en un boletín de calificaciones que, por su propia naturaleza, convierte a la homogeneidad jerárquica de una escala contable (ya sea en nota númerica o con un sistema de letras, al estilo “boloñés”) aquello que no puede ser medido objetivamente.

La creación de estructuras mentales que sustentan procesos de progreso cognitivo, el descubrimiento y desarrollo de las habilidades innatas y las que no lo son, la aprehensión de herramientas que permitan a esa persona expandirse en ámbitos complementarios pero fundamentales para su futuro como individuo social…. Se trata de cuestiones tan personales y únicas que el propio docente puede tardar años en detectar y asimilar en cada uno de sus alumnos.

Si el propio sistema es imperfecto, ¿Cómo alcanzar la perfección?

Es el momento de dejar tu opinión al respecto.

Bonsai y Música

Podemos pensar que cosas tan inconexas como bonsai y música tienen nada en común, pero suele suceder que partiendo de puntos dispares se llegue a una misma conclusión, tal como comento en la presentación de este blog.  Hacía tiempo que no me ocurría este fenómeno con tanta claridad y he decidido no perder la oportunidad de escribir sobre ello.

                                                                Clase de bonsai

Olivo Bonsai

Hace unos días tuve la oportunidad de acompañar a mi hermano a practicar su afición a las instalaciones de Bonsai Zen y asistir a una de sus clases en la escuela de bonsai. Durante un par de horas,  estuvo trabajando sobre un árbol (concretamente el olivo que aparece en la fotografía) al que se está aplicando la técnica Fukinagashi –cuya traducción literal sería “azotado por el viento”-, que consiste en moldear la forma del árbol como si lo hiciera el viento en plena naturaleza. Durante la sesión, de unas dos horas y media de duración, “simplemente” se recortaron estratégicamente algunos brotes y se trabajó sobre una parte de madera muerta, pero sin llegar a dar por finalizada ninguna de las dos operaciones. Esos trabajos momentáneos forman parte de un proceso que dura años, incluso se podría decir que no termina nunca .

La hija del sensei toca el clarinete, por lo que de una manera totalmente espontánea me hacía las explicaciones -tanto de lo que se estaba haciendo al árbol como de las particularidades del mundo del bonsai- con paralelismos y metáforas del ámbito musical, por lo que eran muy sencillas de entender y dieron pie a las reflexiones que comparto a continuación:

Dar tiempo al tiempo

Después de la sesión de mantenimiento se deja reposar al árbol durante un tiempo de varias semanas o meses para que el tiempo y el propio crecimiento ayuden en su moldeado. En este punto también se hizo una observación que me llamó la atención: “hay veces que te apetece hacerle a un árbol una cosa concreta, pero tienes que tener disciplina y dejarle seguir su curso porque sabes que a la larga no le estarás ayudando”.

Me sorprendió lo similar que es la técnica bonsai con el proceso de aprendizaje musical. Pienso por ejemplo en ampliar el registro agudo o adquirir control en la flexibilidad: a veces nos empeñamos en que algo nos salga inmediatamente, cuando precisamente lo que requiere es constancia y tiempo. Y paciencia para conseguirlo.

Tocar rápido y fuerte

En determinados ámbitos se admira el bonsai más llamativo, al que se han aplicado técnicas que le dan una apariencia espectacular pero completamente antinatural; técnicas y estéticas que el sensei reconoce haber experimentado en sus inicios, pero que a medida que profundizaba en la filosofía japonesa del bonsai ha abandonado y repudiado en favor de ésta, que busca la mayor perfección natural del árbol, es decir, formas y proporciones que se dan en la propia naturaleza . El símil que inmediatamente vino a mi cabeza fue el de esos músicos que creen que tocar bien es tocar más rápido y más fuerte que nadie y se esfuerzan en demostrarlo continuamente. – Sí, es exactamente eso, contestó cuando le expliqué el paralelismo.

Terapia

Otra de las cosas que llamó mi atención fue cuando el sensei me habló de una de sus alumnas, que llegó a la clase por recomendación médica. Si a veces todavía cuesta asimilar los beneficios que produce la musicoterapia, oír hablar de la “bonsai-terapia” fue realmente chocante.

La chica en cuestión sufre un trastorno nervioso que le provoca espasmos musculares. En su primera sesión el sensei le ofreció unas tijeras para trabajar a lo que la chica respondió preguntándole si estaba loco. Este gesto, y el hecho de comprobar que era capaz de controlar las tijeras, aumentaron su autoestima de manera exponencial, lo que le permitió progresar y controlar su cuerpo con mayor facilidad. Finalmente, el bonsai dejó de ser una terapia para convertirse en una afición que ahora comparte con sus padres.

Una docena de razones por las que los niños deberían estudiar música

Vale, lo admito, llevo una temporada escribiendo poco aquí. Será ese momento crítico que los entendidos en blogs dicen que llega, en el que da pereza escribir y supone el principio del abandono del blog o la carga de pilas necesaria para consolidarlo.

Aún así, en este tiempo todavía he encontrado algunos huecos para escribir el artículo que os traigo hoy y que publiqué en unadocenade.com, blog que por otro lado recomiendo encarecidamente visitar y seguir y a quienes agradezco la oportunidad que me han brindado de compartir con ellos este trabajo que, ya adelanto, no será el ultimo.  El artículo en cuestión ha recibido en una semana la friolera de 5000 visitas que vale, para los gurús del 2.0 será una birria pero para mi supone un éxito rotundo. Podéis acceder al artículo original clicando sobre el titulo o la imagen, pero también lo transcribo a continuación:

Una docena de razones por las que los niños deberían estudiar música

Puede parecer que el momento idóneo de plantearse las actividades extraescolares de los más pequeños sea poco antes del inicio de curso pero, aunque las comienzan a mediados de Septiembre, es por estas fechas que nos encontramos cuando suelen abrirse los períodos de matriculación para muchas de ellas.

Entre las actividades más clásicas destaca, además de los deportes, la música. Generaciones de niños han pasado por escuelas de música y conservatorios para ocupar sus tardes aprendiendo a tocar un instrumento. Se trata de una actividad que compagina su vertiente más lúdica con unos estudios paralelos a la tarea escolar, que generalmente se añaden a los deberes ordinarios, por lo que requiere de grandes dosis de motivación (de los niños que deben aplicarse a ello y de los padres y madres que han de apoyarles). Esta carga extra puede provocar reticencia y rechazo tanto de unos como de otros.

Pero las ventajas de emprender estudios musicales son muchas más que los inconvenientes. Aquí os dejamos una docena para aquellos que estéis indecisos o simplemente no os lo habíais planteado:

1. Desarrollo de la psicomotricidad

Para tocar un instrumento lo primero es conseguir que suene ya sea soplando, frotando un arco, pulsando una tecla o rasgando una cuerda. Una vez conseguido esto, el siguiente paso es dar “forma” al sonido y tocar notas concretas accionando los mecanismos necesarios. Todo ello mientras se lee la partitura. Un ejercicio de psicomotricidad de lo más completo.

2. Competencias en idiomas

Esa partitura de la que acabamos de hablar contiene instrucciones precisas sobre el ritmo, la altura, la duración, la velocidad, el carácter y la técnica precisa para tocar las notas; expresadas solamente con lineas, puntos, y algún que otro símbolo. Es como aprender a leer otro alfabeto, de la misma manera que si aprendemos ruso, griego o mandarín. Pero vamos más allá: la música tiene frases, sintagmas (semifrases) y palabras (motivos) que dan sentido al discurso musical, un auténtico sistema sintáctico que da coherencia a la música. Mientras aprenden música mejorarán su aprendizaje en conceptos propios de las lenguas y las competencias necesarias para aprehenderlas.

3. Pensamiento lógico

Especialmente en los primeros cursos -en los que se asimilan e interiorizan los conceptos básicos de la música-, las matemáticas y la lógica son fundamentales para comprender e interpretar el ritmo. Por eso, estudiar música desarrolla el razonamiento lógico-matemático y estructura los mapas mentales.

4. Pensamiento múltiple

Además de la psicomotricidad que mencionábamos para tocar el instrumento, hay que tener en cuenta que las notas deben sonar con la duración, afinación, intensidad, ritmo e intención que se nos pide en la partitura. O que nos pide el director. O nuestro compañero de atril. O todos a la vez.

5. Sensibilidad artística

Por encima de cualquier requerimiento técnico la música es un arte. Siendo así, tocar un instrumento desarrolla la creatividad a través de la experimentación, canaliza la exteriorización de los sentimientos y fomenta el desarrollo del criterio artístico.

6. Capacidad de autoescucha y reflexión

Es evidente que para dominar un instrumento hay que escuchar lo que se está tocando, analizarlo y corregir lo que sea necesario. Con el tiempo, el hábito de escucharse a uno mismo va más allá del instrumento y con ello el análisis y la reflexión de lo que nos decimos a nosotros mismos.

7. Empatía y habilidades sociales

Además de escucharse a sí mismo, para poder tocar en grupo es imprescindible escuchar a los demás, por lo que se desarrolla la empatía. Si el grupo es grande, como una banda o una orquesta, también se desarrollan las habilidades sociales necesarias para relacionarse con los demás miembros.

8. Educación en valores

Tocar con solvencia un instrumento no es fácil ni rápido. Requiere trabajo constante, esfuerzo y perseverancia; unos valores que la inmediatez de nuestro acelerado mundo parecen haber olvidado. Al mismo tiempo, tocando en público deberán superar sus miedos.

9. Autoestima

Los pequeños avances que día a día experimentará serán una fuente de satisfacción que gratificarán todo el esfuerzo invertido. A medio plazo el control sobre el instrumento será mayor, con lo que también crecerá la motivación y el perfeccionismo; al cabo de los años podrá mirar atrás y ver que ha merecido la pena y todo ha sido posible gracias a sí mismo.

10. Serán más responsables y cuidadosos

A excepción de los instrumentos más grandes (piano, órgano, clave, arpa, percusión, contrabajo…), cada estudiante utiliza su propio instrumento, tanto en el estudio personal como en clase. Los instrumentos musicales son delicados y por tanto requieren cierto cuidado en su manipulación y mantenimiento; en otras palabras: un instrumento necesita que seamos responsables y cuidadosos con él.

11. La casa será más alegre

Vale, un estudiante repitiendo hasta la saciedad la misma pieza (que encima suena desafinada) puede llegar a cansar, pero hay que reconocer que siempre da alegría a la casa (o al bloque de pisos, o a la calle entera…).

12. Queda muy bien en las celebraciones familiares

La escena de los más pequeños amenizando la velada con sus instrumentos es un clásico. Ellos contentos de demostrar lo que son capaces de hacer y los mayores babeando de verlo. Entrañable.

En definitiva, estudiar música es un ejercicio de los más completo, que ayuda a los más pequeños a desarrollar sus capacidades intelectuales, sociales y personales mientras se divierten. ¿Qué más se puede pedir?

Fotografía destacada cortesía de Eddie Welker, con licencia Creative Commons.

Piel de Gallina

A todos se nos ha puesto la piel de gallina en alguna ocasión: Cuando sentimos frío, miedo o algunas emociones se nos eriza el pelo y un xx nos recorre la espalda. Este curioso fenómeno es una respuesta involuntaria que nuestro cuerpo utiliza en determinadas circunstancias. Es un mecanismo de defensa que desarrollaron los mamíferos en las primeras etapas de nuestra su evolución, utilizando los que más nos caracteriza: el pelo.

Cuando hace frío, se nos erizan los pelos, de manera que quedan más separados y aumenta el espacio entre ellos, creando una cámara de aire que, calentado con el propio cuerpo, sirve de “estufa”.

 

Un animal más grande siempre producirá más respeto. Siguiendo este principio, cuando los mamíferos nos encontramos en peligro se nos ponen los pelos de punta, de manera que parecemos más grandes frente a posibles adversarios. Esto es claramente visible en gatos y perros, que erizan su pelo en situaciones de peligro.

Pero hay una situación que genera la piel de gallina que no se da en ninguna otra especie y es exclusiva de las personas: la que nos producen las emociones cuando vemos una película, una obra de teatro o escuchamos alguna música sugerente. He de confesar que a mi me ocurre cuando escucho los primeros compases del

Porque lo más interesante del caso es que este fenómeno es reiterativo: cada vez que escuchamos ese pasaje nuestro cuerpo reacciona erizando nuestro vello. Se produce así una vinculación o anclaje entre nuestra percepción visual/auditiva y la sensibilidad corporal.

 

 

Tu si que vales

En el conocido concurso de televisión Tu si que vales se valoran las habilidades de los participantes en cinco minutos. Algunos profesores, tras años junto a un alumno son incapaces de apreciar su potencial.

Se acercan las fiestas navideñas y con ellas el boletín de notas en la mayoria de centros educativos. Algunos alumnos se encontraran con la desagradable ¿sorpresa? de tener una calificación por debajo del aprobado a pesar de pensar honestamente (muy probablemente con razón) que merecen más nota. Especialmente para ellos va dedicado este artículo.

Hace unos dias estuve cenando con una amiga y colega con quien hacía bastante tiempo que no coincidia, en gran medida debido a su, llamemosle, “inestabilidad geográfica”. Tal y como suele suceder en un encuentro entre colegas acabamos hablando de música y del panorama musical. Inevitablemente acabamos hablando de profesores de escuelas, orquestas y demás personajes del mundo de la música. En un momento de la conversación ella comentó: “Fulanito fue uno de los profesores que me decían que yo no servía para tocar”.

A raiz de ese comentario acabamos hablando de las dificultades, dudas y malos ratos que pasó en su etapa de estudiante por sentirse como una fracasada que no iba a llegar a ninguna parte (si es que hay alguna parte a la que llegar); todo ello provocado en gran medida por el diagnóstico de unos profesores que se equivocaban. ¡¡Y vaya como se equivocaban!!

La chica que hubiera hecho mejor haciendo una carrera cualquiera que tocando aprobó en el Conservatorio Nacional de París. Cuando terminó sus estudios allí fue admitida como alumna predilecta de uno de los mejores intrumentistas y profesores de su especialidad y actualmente es una intérprete de reputado nombre, demandada como solista por algunas de las mejores orquestas de Europa; por poner un ejemplo, toca con asiduidad en la Scala de Milán.

No hace falta buscar mucho para encontrar ejemplos como ella, más o menos todos conocemos alguna historia parecida. Asi que, si el boletin de notas dice “Tú no vales” hay que preguntarse honestamente a uno mismo si tiene razón y pensar que, al final, seremos lo que nosotros decidamos ser.