Por qué no escribo más a menudo

Hace 15 días que no escribo en el blog. No es porque lo tenga abandonado; de hecho, el escritorio de WordPress es de lo primero que aparece cada día cuando enciendo el ordenador.

Me propuse firmemente escribir al menos un post a la semana, pero hace algún tiempo que me ocurre lo mismo: Me pongo frente al documento en blanco, con un tema concreto sobre el que escribir extraído de la lista -donde escribo lo que me viene a la mente en un arrebato y que va siempre conmigo-, y comienzo a escribir.

Pero al poco desisto: el tema es poco interesante, o poco profundo; habrá quien, habiéndose especializado en ello, escribirá con mayor rigor y conocimiento de causa que yo, con el consiguiente beneficio para el lector; el tema merece un tratamiento mucho más exhaustivo que el que puedo darle con un post de 1000 palabras que, por contra, será demasiado largo como para mantener el interés del lector a lo largo de toda la trama, habida cuenta que servidor no es muy ducho en letras.

Maquina de escribir
Fotografía de jb_brooke con licencia CC

A priori son excusas, lo sé. Pero quizá por cierto talante nihilista o simplemente por la desazón que me produce estar escuchando a Chopin, siento una sensación de vacuidad en cuanto a los por qué, para qué y para quién de escribir en este espacio. Y, cada vez más, sospecho que existe mucho de inercia en el acto de escribir post.

No engaño a nadie: este blog es una herramienta de promoción personal para impulsar eso que en los círculos del marketing 2.0 (“la emprenduría a nivel usuario del s.XXI”, o el “socialmierder” del gran Mediotic) ha venido en llamarse marca personal, que no es ni más ni menos que la imagen pública que uno proyecta (se adorne con todos los “si, pero además…” que se quiera).

Cifras abultadas y un bonito lazo. ¿Se trata de eso?

Hace unos días hablaba con una amiga blogger de enormes proporciones -con medias de cinco cifras en las visitas diarias a su blog– sobre el por qué, para qué y para quién escribir un blog.

Fotografía de Egan Snow con licencia CC
Fotografía de Egan Snow con licencia CC

En su caso, lo que empezó siendo una ventana/terraza más o menos particular se había convertido en el piso de Sabina, donde entra todo el mundo esperando que les cante una canción.

Sin darse cuenta se estaba marchitando de éxito, y había llegado al punto de plantearse qué y cómo escribir para estar a la altura de las expectativas de sus lectores.

No es mi caso, ni muchisimo menos, ya que ni esas son mis cifras -jamás lo serán, basicamente por target- ni la temática de este blog es siquiera comparable. Pero sí existe un síntoma común: una insospechada dependencia de los números que condiciona y distorsiona la motivación por la que se escribe.

Sobre este fenómeno en el mundo de la música ya se ha escrito. Una vez más. Las visitas, los seguidores y los “me gusta” generan dependencia por un motivo muy simple: dan satisfacción a nuestro ego de una manera muy inmediata y eso -evidentemente- nos hace sentirnos muy bien y muy importantes. Pero cada vez más estoy convencido de que es algo muy relativo y con un impacto que tiene bastante de espejismo o que es, en todo caso, cortoplacista y que para ser efectivo debe ir respaldado de mucha coherencia en el mundo “real”.

Fotografía del autor con licencia CC
Fotografía de EduRuano con licencia CC

De la misma manera que no escribo aquí tampoco lo hago en twitter por motivos similares: si nuestro sino en twitter es compartir información relevante, probablemente nuestros seguidores interesados ya hayan llegado a ella por sus propios medios; si twitter es un trampolín para lanzar nuestros contenidos al mundo podemos llegar a convertirnos en spam incluso para nuestros lectores más “fieles” (motivo por el cual hace poco he reconfigurado a menos el bot que tuitea mis post para evitar caer en ese error). Idem-Eadem-Idem para la/s otra/s red/es social/es.

Este blog nació de cierta inquietud, tanto por introducirme en estos lares virtuales y aprender de ello, como de fomentar la ya mencionada marca personal en un momento en que servidor era anónimo en el mundo tubístico -si es que un apellido como “profesor del conservatorio de X” es algo más que una denominación geo-profesional y sirve de algo per-se (yo no lo creo). Pero sobre todo, los artículos aquí publicados han sido desde el inicio un ejercicio de curiosidad intelectual individual puesta a disposición común. Así quedó manifiesto desde el primer día, allá por Tumblr. Cuando este propósito se desvirtúa en favor de objetivos estadísticos, posicionamientos estratégicos o palabras clave, el acto de escribir posts pierde su razón de ser, su espontaneidad y su genuinidad. Se deja de escribir para uno mismo y se escribe para no se sabe muy bien quién.

“Hay otros mundos, pero están en este” (P. Éluard)

Cada vez creo menos en marcas, productos y mercados. Creo en la genuinidad que supone hacer aquello con lo que uno se siente realizado, y creo que la vida (y digo la vida, la situación económico-política es otra historia) nos pone las facilidades para hacer de ello nuestro modo de -valga la redundancia- vida.

El comentario viene al caso porque en los últimos meses estoy immerso en un proceso bastante bestia de diversificación de mis actividades artístico-músico-docentes. Me he zambullido de pleno en un ecosistema fascinante, estimulante y hasta hace poco desconocido, conociendo artistas y maneras de hacer Arte que me apetece mucho experimentar, sin más.

En este proceso, el blog es un “algo más” que requiere -según mi criterio actual- un tiempo y un esfuerzo que, sinceramente, ahora mismo no estoy dispuesto a concederle prioritariamente. Seguiré escribiendo y publicando, por supuesto, pero no como una autoimposición sino por el mero placer de hacerlo, disfrutando del proceso de creación, de la misma manera que hago en otro blog -este sí- absolutamente personal y cerrado.

Qué queréis que os diga, ahora mismo antepongo el conocimiento a través de experiencias sensoriales que desde la especulación intelectual: El mundo virtual está muy bien, y es muy interesante, pero sigo prefiriendo conocer personas de carne y hueso, conversaciones con café o cerveza de por medio a farragosos chats y espectáculos de proximidad a la televisión (qué bien se vive sin televisión…).

Tuba On Fire
Foto de Farrukh con licencia CC

 

 

Iron Blogger

Hoy, más que un artículo, os traigo una noticia relacionada con este blog. El titular es el siguiente:

Este blog se ha unido a Iron Blogger

Iron bloggerVale, supongo que te preguntarás “¿y a mí qué?” y probablemente estarás en lo cierto. O no. Al haber unido este blog a Iron Blogger se establece el compromiso de publicar al menos un artículo a la semana*, lo que revierte directamente en sus lectores (tu que estás leyendo ahora mismo), ya que contribuye a aumentar los contenidos publicados y con ello la utilidad directa de este espacio.

Por otro lado, Iron Blogger organiza periodicamente encuentros entre los bloggers de su comunidad en distintas ciudades. Estos encuentros sirven para conocer otras personas con inquietudes bloggeras; también para compartir y descubrir maneras de escribir, desarrollar un blog o crear conocimiento.

Resumiendo en otras palabras: cargarnos de motivación para seguir con este proyecto.

* Bajo pena de pagar una ronda de cervezas en el próximo encuentro.

¿Cultura una inversión? La Ópera de Lyon multiplica por tres cada euro público

Reproduzco a continuación un artículo aparecido en el Blog de Apoyo a la Orquesta de Extremadura, que es a su vez traducción del periódico italiano Il Sole 24 Ore.

Dejando a la apreciaciación individual las reflexiones y/o conclusiones que cada uno pueda o quiera sacar, considero que el artículo rompe con uno de los prejuicios -o tal vez tópicos- más extendidos en relación al aspecto económico de la cultura, esto es, que no es una inversión economicamente rentable.

Opera de Lyon

En tiempos de vacas flacas, los recortes a la cultura no sirven de nada para hacer cuadrar las cuentas. Es el exacto contrario: las inversiones en cultura pueden ser muy rentables. Es cuanto ha demostrado un estudio francés que ha hecho escuela, “midiendo” el impacto socio-económico de la Ópera de Lyon en el territorio. ¿El resultado? Por cada euro de subvención pública, se obtiene un efecto positivo de alrededor de tres euros.

Cruce De Caminos

“No deberia haberme ido nunca de España -me comentaba un colega que se fue a estudiar a Alemania-, aquí está la mejor escuela de metales de Europa”. Mi respuesta fue clara: “Necesitabas irte fuera para darte cuenta de eso”.

Cruce de caminos

A veces nos sucede que buscamos lejos una respuesta que tenemos delante de nuestras narices pero que, por la razón que sea, somos incapaces de ver. No por ello el camino que hemos recorrido ha sido menos válido, simplemente era más largo.

Casi siempre el motivo por el que decidimos emprender la ruta más complicada se basa una creencia personal: Creemos que debemos hacer las cosas de una manera determinada por una cuestión de sensaciones, aún pudiendo elegir entre otras opciones.

No voy a entretenerme mucho en el por qué elegimos una cosa y no la de al lado (¿el refresco de cola de la lata roja o el de la lata azul?). Los factores son múltiples y diversos, pero siempre está presente nuestra afinidad personal con ciertos valores (culturales, ideológicos, morales…) que vemos reflejados en ella.

Suele suceder entonces que estamos tan seguros de que nuestra decisión es la correcta que ni nos planteamos la posibilidad de estar equivocados, así que no nos los pensamos mucho antes de dar el paso, y si lo pensamos es para buscar argumentos para autoconvencernos de que estamos haciendo lo correcto.

Otras veces nos puede la presión social. Es demasiado frecuente aquello de que “lo de fuera es mejor” o “lo fácil no es tan bueno/válido como lo difícil”. Nada mas lejos de la realidad, infravalorar lo cercano o lo sencillo por el mero hecho de serlo tiene tan poco sentido como ensalzar algo por su complejidad o lejanía, como si el refresco que comentábamos antes fuera mejor porque la lata es roja o azul sin haber probado el contenido.

Una vez tomada la decisión no hay vuelta atrás. Podremos rectificar nuestra ruta para cambiar de camino, pero nunca volveremos a la casilla de salida, es la ley del tiempo que no vuelve. Igual que es ley que nos equivocamos muchas veces a lo largo de nuestra vida.

Cuando eso ocurre, debemos estar atentos y aprender de nuestros errores. ¿Cómo? Comparando qué esperábamos y qué hemos encontrado o analizando por qué decidimos tomar un camino y por qué hemos decidido abandonarlo.

Pero no solo eso, también es importante quedarse con las cosas positivas que nos ha dejado, aunque solamente sea el paisaje del viaje.