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Esculpir Música

David - MichelangeloMe fascinan las esculturas del periodo clásico y el renacimiento, es increible que de un trozo de piedra se pueda sacar tanta belleza, tanta armonía y tanto movimiento simplemente percutiendo un martillo sobre un cincel en contacto con la piedra.

Siento una enorme admiración por los pasos que debe dar el escultor desde que recibe el bloque de mármol hasta el último pulido para dar brillo a las formas de la escultura (pienso en el David…).

El primer paso a dar es desbastar del bloque grandes pedazos de piedra para acercarse lo máximo posible al volumen de la figura (en el caso del David sería como un enorme muñeco de nieve).

El siguiente paso, más árduo y laborioso, es dar forma a la figura; paulatinamente, desde un estadio primitivo en una primera pasada hasta el último retoque, el escultor debe picar la piedra con el cincel adecuado en cada momento. Así, al cabo de miles(o cientos de miles) de duros  y sudados golpes de martillo sobre la superficie dura del mármol aparece el Arte de la roca informe.

Picar piedra, ¡menudo concepto!. Uno de los trabajos más duros que existen (no en vano en algunos paises los reos pican piedra en canteras), en el que con el gran esfuerzo de cada golpe asestado solo se desgaja una ínfima porción del bloque, pero muchos golpes lo transforman completamente. Un muy buen ejemplo de que la perseverancia y el esfuerzo acaban dando sus frutos.

Como en el estudio de un instrumento. Pasamos miles de horas realizando movimientos mecánicos para extraer Arte de ellos, y como en el caso de la escultura el esfuerzo y la perseverancia son claves para conseguirlo. Pero además hay dos puntos que me parece imprescindible mencionar:

Aunque a priori el desbastado del bloque de mármol pueda parecer un ejercicio tosco, éste debe ser preciso, pues un golpe erróneo puede echar a perder todo el trabajo hecho hasta el momento con la consecuente pérdida de tiempo (relativamente, porque seguro que la próxima vez habrá más atención…), energia y dinero que ello supone. Para los músicos una mala postura, por pequeña y simple que pueda parecer, puede desencadenar una lesión irreversible que nos incapacite de por vida para tocar nuestro instrumento.

Por otro lado no sirve de nada ponerse a dar golpes arbitrariamente, sin una idea preconcebida de qué queremos conseguir. Algo que parece tan evidente no siempre es así, y muchas veces acabamos estudiando por estudiar, por inercia (es que hay que estudiar porque hay que estudiar…) y sin saber con qué objetivo lo hacemos. No, no me vale “para tocar mejor” porque es un argumento vacío; aunque es cierto que algunos aspectos mecánicos se adquieren a base de repetición, ésta debe ser activa y consciente, no sirve repetirlo diez veces y que cada una sea distinta, los golpes deben ser certeros y bien calculados.

La imagen preconcebida a la que aspiramos es el Arte: todo aquello que  nuestros movimientos mecánicos no son capaces de transmitir por si mismos, pero que no podriamos transmitir sin ellos.

TRAS LA PECERA

Ayer estuve de sesión en el estudio. Hemos grabado una nueva versión de la sintonía de un programa de televisión, en total 20 segundos de música. Solamente para las tomas de tuba ya hizo falta una hora, podeis imaginar lo laborioso que resulta el proceso entero.

Por lo que a mi respecta intento siempre dar lo mejor de mi mismo, y en las sesiones de grabación el hecho de poder volver a grabar la toma las veces que sea necesario (siempre que el presupuesto y la resistencia lo permitan) ayuda a alcanzar un alto grado de rigor, tanto a nivel técnico como interpretativo, y siempre hay ánimo para una toma más para intentar susperarse.

Además, el poder reproducir el resultado inmediatamente permite por un lado identificar y corregir errores técnicos y por otro tomar cierta perspectiva para perfeccionar aspectos interpretativos hasta dar con un resultado que nos satisfaga tanto al productor como a mí sin necesidad de retoques y edición, que siempre deslucen la naturalidad y restan frescura.

Para ello es necesario que la comunicación entre ambos sea fluida, no por cantidad sino por calidad, es decir, llegar a consensuar las ideas musicales para poder buscar un objetivo común en cuanto a fraseo, articulación, intención, groove, etc….

Esto no siempre resulta fácil porque la música, como algo intangible y perceptivo que es, resulta muy difícil de explicar. Por este motivo en ocasiones resulta complicado identificar la idea o ideas que nuestro interlocutor nos quiere transmitir, incluso a veces resulta complejo discernir si nos habla de aspectos técnicos o interpretativos y esto aún se agudiza más si no proviene de nuestra misma tradición musical, porque el mundillo clásico, el del jazz o el del pop utilizan argots diferentes para referirse a las mismas cosas e incuso utilizan expresiones idénticas para cuestiones dispares.

En definitiva, como en todas las situaciones de la vida en las que la comunicación resulta imprescindible, saber interpretar y traducir a nuestro idioma personal las ideas del otro es la clave para una buena comunicación. El resto dependerá de nuestra habilidad para llevarlas a cabo…