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Tuba Jaialdia VI

Txuleta. Tuba. Musika. Trikitixa. Sociedades culinarias. Grandes personas. Kepa Junkera. Hamaiketako. Noches fugaces. Dormir poco. (San) Agustín (Jiménez). Comer mucho. Poner voz, altura y gestos a perfiles virtuales. Retratos a la cera. Comer muy bien. Afonía. Fraternidad tubística, de la de verdad. Talleres con público. Egun off. Eskerrik asko.

En estas pocas palabras podría resumirse el Tuba Jaialdia VI, en el que tuve el enorme placer de participar los días 9, 10 y 11 de octubre en Azpeitia. Debo reconocer que ya en ediciones anteriores me había quedado con las ganas de participar, y precisamente por ello le di prioridad en mi calendario tan pronto supe las fechas, siendo que -como efectivamente ocurrió- es un evento proclive a coincidir con otras propuestas. Así pues, el viernes 9 puse rumbo a Azpeitia con el compromiso de ofrecer un taller de improvisación abierto a todos los participantes.

Viajar al norte siempre es agradable. Ya los paisajes -verdes y húmedos; bosque, río, piedra- dejan claro que hay algo ancestral y auténtico en aquellos valles, y ciertamente, el concierto de Kepa Junkera que inauguró el festival lo confirmó. Pocas veces he disfrutado tanto como músico desde el lado bajo del escenario; música ciertamente de raíz -txalaparta aparte-, capaz de mover emociones que se me antojan primitivas y genuinas.

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Fotos de Alaitz Ruiz

El sábado comenzó con sendos talleres de Daniel Ferriz y Pablo Fernández (artista Miraphone) con los tubas en distintos niveles y Ximo Díaz con los bombardinos. Talleres centrados sobre todo en aspectos técnicos y elementos “formales” de nuestros instrumentos, pero también en la interpretación y en hacer música.

Uno de los grandes descubrimientos ha sido el Hamaiketako algo así como un almuerzo a las once, con caldo y carne, para entrar bien en calor, y tras el cual llegó el taller de improvisación, que basé en tres premisas: “hay música más allá de las notas”, “el instrumento es tu amigo, juega con él” y “disfruta haciendo música”. El resultado fue un rato de diversión para algunos y desconcierto para otros, tanto entre los participantes como del público asistente. A continuación, los más pequeños en todas las especialidades de metal demostraron junto a sus profesores lo que habían aprendido a lo largo de la mañana. Y llegó el primer ágape.

A primera hora de la tarde David Muñoz ofreció su conferencia “10 rutinas básicas para los músico de viento metal“. Posteriormente hubo una breve presentación de la tuba y el bombardino de plástico para curiosidad y disfrute de todos. Para redondear la tarde, la banda de música de Azpeitia, dirigida por Unai Frantzesena, nos hizo disfrutar de algunos clásicos del género, entre los que cabe destacar las obras para banda y solistas incluyendo trompeta, trombones y tuba y bombardino.

En estos días he llegado a la conclusión de que el buen yantar forma parte intrínseca de la cultura de Azpeitia. Comidas abundantes y exquisitas ,a la par que caseras y bien regadas, hacen que uno se sienta bien recibido, querido y acompañado. Más allá de una simple comida, el hecho de reunirse alrededor de la mesa da la oportunidad de relacionarse de manera distendida, lo que permite estrechar los lazos con los otros participantes en un ambiente de sana camaradería. Tan a gusto nos encontramos en la cena (los chipirones del bar Juantxo Txik – y removidos magistralmente por Borja- fueron antológicos) que las horas (muchas) pasaron sin darnos cuenta.

Y llegó el gran día. La mañana del domingo comenzó con el calentamiento de Alfonso Mollá y a continuación se dedicó enteramente a preparar el concierto que todos los tubas y bombardinos participantes ofrecimos bajo la dirección magistral de Juan Carlos Ribelles. A última hora, justo antes de comer, los representantes de Yamaha nos ofrecieron una visita virtual a su fábrica, así como prácticos consejos para el matenimiento y conservación de nuestros instrumentos.

Y llegó el concierto. Un concierto en el que tanto los músicos como el público disfrutamos al máximo, y en el que quedó patente, una vez más, que tocar la tuba no es solamente hacer Fa-Do, que la fraternidad tubística está ahí y que estos encuentros aetyb no son algo casual, que el nuestro es un instrumento que une (también con quienes no lo tocan pero son tan frikis como nosotros…) y que eventos de la categoría humana como el que Agustín Jiménez organiza en Azpeitia son verdaderamente dignos de agradecer.

Pd: El concierto clausuró oficialmente el evento, pero [como no podía ser de otra manera] la clausura efectiva de los profesores asistentes y la organización se hizo alrededor de una mesa. Cuando ya pensábamos que no podía haber más muestras de hospitalidad y afecto, aparecieron de la “mesa de las peques” retratos tubísticos para todos los que estabamos allí. Sobran palabras.

Egun Off
Así me ve Amane Jiménez

 

Efectos especiales (sin hacer una lista concreta)

No voy a hablar de cine, aunque reconozco que este artículo viene motivado por un vídeo que me llegó ayer a través de las redes sociales y me hizo caer en la cuenta que el asunto de los efectos sonoros a través del instrumento siempre me ha interesado. Tanto como para haberle dedicado el trabajo de fin de carrera al tema. El vídeo en cuestión era este:

Imagen de previsualización de YouTube

En clave de humor, el protagonista del video nos enseña como con algo tan sencillo como un patito de goma podemos crear efectos muy impactantes. La imaginación de cada uno es el arma más poderosa a la hora de inventar estos juegos que pueden añadir mucho interés a nuestras interpretaciones, sobretodo cuando tenemos muchas opciones de añadir una fuerte carga escénica a la actuación. De hecho, desde hace varias décadas y cada vez más, los compositores incluyen sonidos y efectos que van más allá de las notas.

Los efectos básicos

Muchos de estos efectos surgen en el mismo momento en que cogemos el instrumento por primera vez y vienen propiciados por la propia curiosidad humana. ¿Quien no ha probado alguna vez?:

  • Soplar a través del instrumento sin emitir notas, creando un efecto de viento.
  • Tocar la boquilla sola.
  • Hablar o emitir sonidos a través del instrumento como si fuese un megáfono.
  • Retirar una o varias bombas de afinación y combinar -o no- ambos timbres.
  • Tocar con las válvulas a medio recorrido.

Otros efectos habituales

Confesemos: todos lo hemos hecho. Además de estos “clásicos básicos” hay otros efectos que no son tan evidentes pero sí aparecen con frecuencia en multitud de composiciones. El ejemplo más claro son los multifónicos que se consiguen combinando el sonido propio del instrumento y la voz. Otros efectos que se usan con frecuencia en la composición contemporánea:

  • Bending: que consiste en variar la afinación de una nota, ascendente o descendentemente.
  • Frullatto: se consigue pronunciando la letra /r/ al mismo tiempo que emitimos la nota, y provoca una vibración similar a un picado extremadamente rápido.
  • Glissando: si, vale, si hablamos de este efecto nos viene un trombón a a cabeza, pero no por no tener vara no podemos hacerlo. Para facilitar su ejecución se pueden mover rápidamente las válvulas o dejarlas a medio recorrido.

Tuba preparada

efectos especiales
Foto de Søren Raagaard
con licencia CC

¿Os suenan las obras para piano preparado popularizadas por John Cage? ¿Por qué no hacer lo mismo con nuestro instrumento? De hecho, el video que sirve de introducción a este artículo muestra una preparación y extraer las bombas otra. Las posibilidades de preparar nuestro instrumento son infinitas:

  • Añadiendo elementos similares al silbato del patito de goma, como matasuegras o trompetillas.
  • Nos podemos poner en plan más pro y utilizar boquillas de saxofón, clarinete, contrafagot, fagot u oboe. ¡Los sonidos emitidos son muy, muy extraños!
  • Con una bolsa de plástico o un parche de instrumento de percusión adecuadamente colocado sobre la campana conseguiremos un kazoo.
  • Verter agua en una de las tuberías también puede crear un efecto muy sorprendente.

Y si en lugar de preparar el instrumento utilizamos elementos externos:

  • Colocando un barreño con agua, introducir y sacar la campana.
  • Enfocando la campana hacia un ventilador en marcha.
  • Podemos unir varios instrumentos y conectarlos con mangueras a las distintas válvulas del instrumento base.

Toc, toc

Los percusionistas lo saben: cualquier cosa, percutida con gracia, se convierte en un instrumento de percusión. Así:

  • Con la palma de la mano sobre la boquilla conseguimos un efecto similar a un bombo.
  • Si en lugar de la palma de la mano usamos una lámina de plástico rígido sobre la boquilla convertimos nuestro instrumento en algo similar a una darbuka.
  • El vacío que resulta de extraer repentinamente una bomba provoca un pop.
  • Y al extraer lentamente la bomba provocamos un sonido de aspiración.
  • Podemos percutir distintas partes del instrumento, como el borde de la campana, la propia campana, el cuerpo…. Con el dedo desnudo o con objetos como anillos, dedales, etc…. O directamente con baquetas de diversas caracterírticas.
  • Podemos raspar el borde de la campana como si de una copa de cristal se tratase. Distintos materiales (cerámica, metal, pizarra, cristal…) producirán distintos sonidos. Este efecto requiere bastante tiempo de entrenamiento para aprender a producir el sonido.

Esta es una muestra de la variedad de efectos que se pueden conseguir de nuestro instrumento sin recurrir a la tecnología, algo que por otro lado nos abre las posibilidades hacia un universo paralelo de combinaciones. Por supuesto, todos estos efectos son aplicables a cualquier instrumento de viento-metal, y animo a quienes habéis llegado hasta aquí a experimentar con ellos y buscar vuesro propio lenguaje interpretativo.

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