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Bonsai y Música

Podemos pensar que cosas tan inconexas como bonsai y música tienen nada en común, pero suele suceder que partiendo de puntos dispares se llegue a una misma conclusión, tal como comento en la presentación de este blog.  Hacía tiempo que no me ocurría este fenómeno con tanta claridad y he decidido no perder la oportunidad de escribir sobre ello.

                                                                Clase de bonsai

Olivo Bonsai

Hace unos días tuve la oportunidad de acompañar a mi hermano a practicar su afición a las instalaciones de Bonsai Zen y asistir a una de sus clases en la escuela de bonsai. Durante un par de horas,  estuvo trabajando sobre un árbol (concretamente el olivo que aparece en la fotografía) al que se está aplicando la técnica Fukinagashi –cuya traducción literal sería “azotado por el viento”-, que consiste en moldear la forma del árbol como si lo hiciera el viento en plena naturaleza. Durante la sesión, de unas dos horas y media de duración, “simplemente” se recortaron estratégicamente algunos brotes y se trabajó sobre una parte de madera muerta, pero sin llegar a dar por finalizada ninguna de las dos operaciones. Esos trabajos momentáneos forman parte de un proceso que dura años, incluso se podría decir que no termina nunca .

La hija del sensei toca el clarinete, por lo que de una manera totalmente espontánea me hacía las explicaciones -tanto de lo que se estaba haciendo al árbol como de las particularidades del mundo del bonsai- con paralelismos y metáforas del ámbito musical, por lo que eran muy sencillas de entender y dieron pie a las reflexiones que comparto a continuación:

Dar tiempo al tiempo

Después de la sesión de mantenimiento se deja reposar al árbol durante un tiempo de varias semanas o meses para que el tiempo y el propio crecimiento ayuden en su moldeado. En este punto también se hizo una observación que me llamó la atención: “hay veces que te apetece hacerle a un árbol una cosa concreta, pero tienes que tener disciplina y dejarle seguir su curso porque sabes que a la larga no le estarás ayudando”.

Me sorprendió lo similar que es la técnica bonsai con el proceso de aprendizaje musical. Pienso por ejemplo en ampliar el registro agudo o adquirir control en la flexibilidad: a veces nos empeñamos en que algo nos salga inmediatamente, cuando precisamente lo que requiere es constancia y tiempo. Y paciencia para conseguirlo.

Tocar rápido y fuerte

En determinados ámbitos se admira el bonsai más llamativo, al que se han aplicado técnicas que le dan una apariencia espectacular pero completamente antinatural; técnicas y estéticas que el sensei reconoce haber experimentado en sus inicios, pero que a medida que profundizaba en la filosofía japonesa del bonsai ha abandonado y repudiado en favor de ésta, que busca la mayor perfección natural del árbol, es decir, formas y proporciones que se dan en la propia naturaleza . El símil que inmediatamente vino a mi cabeza fue el de esos músicos que creen que tocar bien es tocar más rápido y más fuerte que nadie y se esfuerzan en demostrarlo continuamente. – Sí, es exactamente eso, contestó cuando le expliqué el paralelismo.

Terapia

Otra de las cosas que llamó mi atención fue cuando el sensei me habló de una de sus alumnas, que llegó a la clase por recomendación médica. Si a veces todavía cuesta asimilar los beneficios que produce la musicoterapia, oír hablar de la “bonsai-terapia” fue realmente chocante.

La chica en cuestión sufre un trastorno nervioso que le provoca espasmos musculares. En su primera sesión el sensei le ofreció unas tijeras para trabajar a lo que la chica respondió preguntándole si estaba loco. Este gesto, y el hecho de comprobar que era capaz de controlar las tijeras, aumentaron su autoestima de manera exponencial, lo que le permitió progresar y controlar su cuerpo con mayor facilidad. Finalmente, el bonsai dejó de ser una terapia para convertirse en una afición que ahora comparte con sus padres.

Del alumno autómata al alumno autónomo.

Todos conocemos alumnos que a priori muestran una técnica formidable pero que en cuanto profundizamos mínimamente son incapaces de resolver el menor contratiempo; a nivel expresivo las interpretaciones estos alumnos suelen ser más bien frías y mecánicas, inexpresivas quizá.

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Sin duda, son alumnos con un gran potencial (¿cuál no lo es?) que se quedan en la superficie. A veces tengo la sensación de que en lugar de enseñarles y ayudarles a aprender les han amaestrado para repetir una serie de movimientos mecánicos con un fin concreto, en este caso tocar una pieza concreta con un instrumento concreto. Sirva este artículo como una declaración de principios al respecto.

Tengo la firme convicción de que la misión del docente no debe centrarse tanto en el fin como en los medios, me explico: considero mucho más importante y valioso dar herramientas al alumno para que pueda buscar soluciones de manera autónoma y saque sus propias conclusiones que desvelarle la solución directamente y sin más explicación. Si les damos las herramientas y las instrucciones aprenderán a llegar por sus propios medios; ganarán, en definitiva, autonomía y libertad de movimientos en todos los aspectos de su vida.

Debemos enseñar al alumno a resolver el crucigrama, no resolverlo nosotros por él.

Ciertamente, existen cuestiones técnicas que por su naturaleza son insalvables sin una corrección explícita, pero aún en estos casos siempre cabe la posibilidad de ir más allá y buscar una segunda lectura a lo aprendido.

El proceso de aprendizaje del alumno provoca, la mayoria de las veces, una reacción empática en el profesor, que vive como propios los procesos, progresos, éxitos y fracasos de sus alumnos.

En ocasiones resulta frustrante y desalentador el estancamiento o falta de progreso (¿qué es progreso?) de un alumno. Pero seamos sinceros, la satisfacción que, pasado el tiempo, provocan la evidencia de evolución y los resultados positivos es, sencillamente, indescriptible; mucho más en casos complejos.

Es la recompensa al esfuerzo compartido entre el alumno y el profesor.

 

¡Qué Difícil!

Puede suceder que cuando nos enfrentamos por primera vez a una situación, (llámese reto, problema, partitura…) nueva nuestra primera reacción sea “Ésto es muy difícil, no voy a conseguir superarlo”.

Es algo natural, porque nuestra mente se proteje contra lo desconocido rechazándolo, pero no por ser natural nos beneficia ni es una reacción positiva, ya que estamos generando miedo y aversión hacia algo sin tener una referencia de su verdadera dificultad.

Veo muy a menudo esta reacción en mis alumnos cuando se les presenta un nuevo material: sobretodo los más pequeños (de 5 a 8 años) niegan inconscientemente y de plano lo desconocido. En la mayoria de ocasiones después de una breve y tranquilizadora explicación de los nuevos contenidos sucede que ¡Sorpresa! lo tocan sin mayor dificultad.

Mi intención para con ellos es intentar que desde el primer contacto afronten las nuevas situaciones como retos más que como problemas, igual que se afrontaria un rompecabezas.
No nos engañemos, los adultos tendemos a reaccionar de la misma manera con la diferencia de no tener quien nos desvele los misterios de aquello a lo que nos estamos enfrentando.

¿Cómo tranquilizarnos a nosotros mismos en estas situaciones? Aqui van un par de puntos que nos pueden ayudar:

  • Analizar la situación global de una manera positiva, teniendo en cuenta que no hay ningún problema sin solución y priorizando el deseo de superarlo mas que cualquier temor que pudiera surgir.
  • Localizar los puntos que a priori pueden resultar más conflictivos y analizarlos detalladamente. A continuación visualizarse “a posteriori”, es decir, vernos a nosotros mismos una vez hemos superado el problema disfrutando del resultado gracias a los recursos que hemos utilizado para ello. Es una manera de conseguir que nuestra mente nos de la solución y/o las herramientas que necesitamos.

Sobretodo en el campo musical, siempre es necesario un trabajo de “picar piedra” para conseguir superar situaciones técnicas complejas, pero enfrentarse a ellas con una actitud positiva facilita el proceso. Si además tenemos en cuenta las premisas anteriores, el resultado está garantizado.

Sistemas Representacionales

¿Cuantas veces nos ha pasado que intentamos explicar algo que nos parece muy evidente y resulta que la otra persona no nos ha entendido? Que cada persona se crea su propio mapa interior para orientarse en el mundo no es ninguna novedad. Es una de aquellas cosas que sabemos pero no solemos tener presentes.

 

La Programación Neurolingüística (PNL) ha estudiado la manera como creamos nuestros patrones mentales, y llega a la conclusión que lo hacemos mediante tres modos o sistemas representacionales:

 

  • Visual: Pensando con imágenes.
  • Auditivo: Pensando con sonidos, voces, ruidos.
  • Cinestésico: Representando los pensamientos como sentimientos internos o sensaciones físicas.

Cada uno de estos modos de creación de patrones tiene sus propios matices. La imagen fija o en movimiento, en color o en blanco y negro; el volumen o el timbre de los sonidos y la intensidad de los sentimientos o sensaciones son algunos de los aspectos que pueden variar dependiendo de la persona y la situación.

auditivoAunque la tendencia es que uno de ellos sea el principal, todos utilizamos los tres sistemas representacionales y lo hacemos de distinta forma dependiendo de la situación concreta. Es más, en nuestra vida diaria repetimos patrones que incluyen los tres sistemas representacionales inconscientemente. Como era de esperar, en la práctica de un instrumento también nos guiamos por patrones creados a partir de los sistemas representacionales. Y resulta muy sugestivo pensar en ello para intentar utilizarlo de una manera consciente.

Asimilar conceptos técnicos en el estudio de nuestros instrumentos no es nada fácil, basicamente porque los conceptos con los que describimos las características de la música son casi en su totalidad abstractos y necesitamos metáforas para hacerlos comprensibles. Ejemplos de ello serian: tocar duro o blando; sonido centrado, brillante, oscuro; etc…

Todas estas cualidades son prestadas de otros ámbitos: ¿cómo puede un sonido ser brillante u oscuro, acaso lo vemos? Claro que no, pero tenemos tan interiorizado qué significa tocar brillante que estamos pensando el sonido -algo que se oye- como si lo pudieramos ver. Porque en realidad lo estamos visualizando en nuestra mente.

Sand Between My ToesEn este sentido los instrumentos de cuerda parten con cierta ventaja: por ejemplo, pueden comprobar visualmente cuanto arco les queda mientras tocan una nota, pero ¿cómo constata un músico de viento por cuanto tiempo más podrá mantener una nota? Podrá visualizar una metáfora relacionada con el resultado que desea, imaginando -por ejemplo- un globo que se desinfla poco a poco, pero solo es posible apreciarlo a través de sensaciones corporales, como el volumen de la caja torácica o la tensión de la musculatura abdominal. Por eso es tan importante cantar. Además, hay que prestar atención al sonido resultante para verificar que esa sensación produce ese sonido y fijarlo en nuestra mente para hacerlo igual la próxima vez; si es lo que queremos.