Ser músico en el siglo XXI – Redes Sociales

Como comentaba en un artículo anterior, no solo ha evolucionado la manera de acceder a los soportes audiovisuales y bibliográficos. También el arquetipo  de relación e interacción social con otros colegas (por centrarnos en el ámbito del músico) ha cambiado de una manera que era inimaginable 50 años atrás, especialmente gracias a la aparición de intenet y las redes sociales.

musica e internet

Las fronteras  ya no existen, y el espacio y el tiempo se han relativizado. La conexión global nos permite estar en contacto con colegas de todo el mundo casi al instante (se estimaron aproximadamente 2,400,000,000 usuarios conectados a internet en 2012), lo cual favorece el intercambio de ideas e información.

La posibilidad de acceso a información y personas -es decir, más información- de nuestro ámbito es fundamental si queremos hacernos una idea de quienes somos y donde estamos.  Cuanta más diversidad de información tengamos, más nítida, detallada y exacta será la imagen del panorama actual que podremos hacernos. Esto es importante, porque nos permite tener una referencia sobre nuestro punto actual y la dirección en la que podemos/queremos/debemos progresar.

Las redes sociales más popularesExisten una gran cantidad de redes sociales, dentro de las cuales, a su vez, se han creado foros y grupos por intereses. Navegando unos pocos minutos podemos encontrar grupos de personas que comparten sus experiencias, aficiones, inquietudes o trabajos; podemos unirnos a ellos para aportar nuestro pequeño grano de arena, que, aunque no lo creamos, siempre será útil a alguien.

Ser músico en el siglo XXI nos obliga, en cierta manera, a ampliar nuestros horizontes: horizontes geográficos, pero también horizontes musicales, artísticos e intelectuales; ya que, si caemos en la tentación de quedarnos encerrados en nuestra cabina de estudio sin abrir la ventana de la sociedad virtual, corremos el riesgo de que cuando acabemos nuestra sesión de estudio y abramos la puerta no sepamos hacia donde (ni con quién) ir.

Anontune: la plataforma social de música impulsada por AnonymousAunque solo sea por conciencia histórica, debemos valorar la oportunidad que nos brinda nuestra época.

Ser Músico en el Siglo XXI – Información

Cuentan que en su juventud, J. S. Bach realizó un viaje de 320 kms, desde Arnstadt hasta Lubeck para escuchar a Buxtehude tocando el órgano, ya que el maestro era viejo y la oportunidad era única. El viaje duró varios dias y Bach, que por lo visto era un poco agarrado y no queria gastar dinero en un carruaje, hizo todo el trayecto a pie. Semejante aventura podria ser considerada una auténtica peregrinación. Nada que ver con ser músico en el siglo XXI.

Fonógrafo de Edison
Fonógrafo de Edison

Nunca seremos suficiente conscientes de cómo ha combiado la vida del músico desde entonces, y especialmente en la últimas décadas. Hoy, en el siglo XXI, para escuchar la música de Buxtehude simplemente necesitamos hacer clic AQUÍ, sin necesidad siquiera de levantarnos del sillón de nuestra casa.

Del viaje de Bach al momento actual la vida del músico ha cambiado enormemente, no solo en lo referido a condiciones laborales y status social (que daría para varios artículos) sino por el acceso a la música ya compuesta: dos siglos antes habia sido la imprenta, que permitió fijar en un soporte durable en el tiempo y de una manera relativamente rápida y masiva las instrucciones necesarias para interpretar una obra -la partitura-; el siguiente paso fue fijar la propia interpretación por medio de grabaciones (desde los cilindros de cera hasta los actuales formatos digitales), el gran salto ha sido su universalización gracias a internet.

Herramientas como el formato mp3, Spotify, iTunes, youtube, la libreria Petrucci y otros recursos en linea han supuesto un auténtico salto evolutivo. No hace falta llegar al extremo de la peregrinación de J. S. Bach: Lo que hace solo 10 o 15 años suponia pasarte una tarde entera buscando en la mediateca o comprar un disco, que tardaba en el mejor de los casos semanas en llegar, se ha convertido en pasar unos minutos delante del ordenador.

No solo ha evolucionado la manera de acceder a los soportes audiovisuales y bibliográficos; también el arquetipo  de relación e interacción sociales con otros colegas (por centrarnos en el ámbito de la música) ha cambiado de una manera que era inimaginable 50 años atrás.

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Del alumno autómata al alumno autónomo.

Todos conocemos alumnos que a priori muestran una técnica formidable pero que en cuanto profundizamos mínimamente son incapaces de resolver el menor contratiempo; a nivel expresivo las interpretaciones estos alumnos suelen ser más bien frías y mecánicas, inexpresivas quizá.

Imagen de previsualización de YouTube

 

Sin duda, son alumnos con un gran potencial (¿cuál no lo es?) que se quedan en la superficie. A veces tengo la sensación de que en lugar de enseñarles y ayudarles a aprender les han amaestrado para repetir una serie de movimientos mecánicos con un fin concreto, en este caso tocar una pieza concreta con un instrumento concreto. Sirva este artículo como una declaración de principios al respecto.

Tengo la firme convicción de que la misión del docente no debe centrarse tanto en el fin como en los medios, me explico: considero mucho más importante y valioso dar herramientas al alumno para que pueda buscar soluciones de manera autónoma y saque sus propias conclusiones que desvelarle la solución directamente y sin más explicación. Si les damos las herramientas y las instrucciones aprenderán a llegar por sus propios medios; ganarán, en definitiva, autonomía y libertad de movimientos en todos los aspectos de su vida.

Debemos enseñar al alumno a resolver el crucigrama, no resolverlo nosotros por él.

Ciertamente, existen cuestiones técnicas que por su naturaleza son insalvables sin una corrección explícita, pero aún en estos casos siempre cabe la posibilidad de ir más allá y buscar una segunda lectura a lo aprendido.

El proceso de aprendizaje del alumno provoca, la mayoria de las veces, una reacción empática en el profesor, que vive como propios los procesos, progresos, éxitos y fracasos de sus alumnos.

En ocasiones resulta frustrante y desalentador el estancamiento o falta de progreso (¿qué es progreso?) de un alumno. Pero seamos sinceros, la satisfacción que, pasado el tiempo, provocan la evidencia de evolución y los resultados positivos es, sencillamente, indescriptible; mucho más en casos complejos.

Es la recompensa al esfuerzo compartido entre el alumno y el profesor.

 

Idioma Universal

Hemos oido muchas veces aquello de que la música és el lenguaje universal. Puede ocurrir que de tanto escuchar esta afirmación la acabamos aceptando sin más, sin pensar un momento por qué se dice que la música es el lenguaje universal.

Todos los veranos acostumbro a pasar mis “vacaciones” tocando en orquestas jóvenes. Desde hace varios años lo hago en orquestas internacionales: primero fue la Lucerne Festival Academy y desde hace dos años la Maribor International Orchestra.

En estas orquestas he tocado con gente de una gran cantidad de paises de todos los continentes -a excepción de la olvidada y maltratada África-, cada uno con su cultura, sus costumbres y su idioma, claro.

Generalmente el idioma que se utiliza para comunicarse en estas orquestas es el inglés por ser la lengua más extendida y estudiada, de manera que con más o menos soltura y pericia y con la ayuda de la mímica nadie se queda sin hacerse entender, aunque a veces sea un verdadero juego de mímica.

Otra cosa muy distinta ocurre sobre el escenario: Cuando la orquesta toca junta no hay diferencias de idioma, culturales ni de costumbres; cada uno da lo mejor de sí mismo y el resultado es fruto del esfuerzo conjunto. Pero la cosa no acaba aquí, porque la música transmitirá emociones a todos los espectadores, sin tener en cuenta otra forma de expresión que la música misma.

Alguien podria decirme que no toda la música provoca la misma reacción en todas las personas. Cierto. Dejando de lado la percepción individual, no sentirá lo mismo un occidental – o un no-occidental occidentalizado – que un masai al escuchar una sinfonía de Bruckner o una música ritual de tambores. Pero en el fondo ambas músicas son lo mismo: sonidos que transmiten una emoción.

Placa de la sonda espacial Pioneer XI (clic en la imagen para +info)

Después de mucho tiempo dandole vueltas al asunto llegué a la conclusión de que todo esto ocurre por dos razones:

En primer lugar porque la música puede ser explicada como un fenómeno científico: matemáticas y física en acción. Y desde  los primeros tiempos de nuestra especie nos han fascinado este tipo de fenómenos.

En segundo porque todas las culturas desde tiempo immemorial han utilizado la música como vehículo para provocar y/o transmitir estados de ánimo. Por este motivo ninguna música nos resulta extraña y podemos sentirla. Sin necesidad de idiomas.

¿Qué quieres demostrar?

Sala anexa al escenario. Los músicos calientan, la mayoria de ellos con ejercicios técnicos, otros con pasajes de repertorio. De repente, uno imita a un compañero de sección, pero tocando mucho más fuerte y mirandole desafiante.

Todos hemos vivido en alguna ocasion una escena parecida, en la que un colega (o varios) busca desesperadamente ser el centro de atención con el objetivo de provocar la admiración y/o aprobación de la concurrencia.

Es verdad que cierto grado de competitividad es positivo para motivarnos. Marcarnos un objetivo concreto es importante para poder focalizar nuestros esfuerzos en una dirección, de manera que no terminemos dispersandonos tanto que no sabemos qué estamos haciendo. A veces nos cuesta marcarnos una meta nosotros mismos y alcanzar el nivel del compañero puede servirnos de motivación y objetivo para mejorar.

 

Pero tan importante como la competitividad y alcanzar objetivos es ser capaz de motivarse a uno mismo sin necesidad de compararse con los demás. Para motivarnos a nosotros mismos lo primero que necesitamos es conocernos: saber cuales son nuestras fortalezas y debilidades, las cosas para las que tenemos facilidad y las que nos cuestan, lo que nos gusta estudiar y lo que no…. Y a partir de ahi intentar mejorar para sentirnos felices y satisfechos con nosotros mismos.

Si  estamos siempre pendientes de demostrar a los demás cuanto sabemos y que bien tocamos, a la larga podemos caer en la necesidad constante de comparación y en ciertas prácticas poco agradables que nos pueden acabar perjudicando.

Cruce De Caminos

“No deberia haberme ido nunca de España -me comentaba un colega que se fue a estudiar a Alemania-, aquí está la mejor escuela de metales de Europa”. Mi respuesta fue clara: “Necesitabas irte fuera para darte cuenta de eso”.

Cruce de caminos

A veces nos sucede que buscamos lejos una respuesta que tenemos delante de nuestras narices pero que, por la razón que sea, somos incapaces de ver. No por ello el camino que hemos recorrido ha sido menos válido, simplemente era más largo.

Casi siempre el motivo por el que decidimos emprender la ruta más complicada se basa una creencia personal: Creemos que debemos hacer las cosas de una manera determinada por una cuestión de sensaciones, aún pudiendo elegir entre otras opciones.

No voy a entretenerme mucho en el por qué elegimos una cosa y no la de al lado (¿el refresco de cola de la lata roja o el de la lata azul?). Los factores son múltiples y diversos, pero siempre está presente nuestra afinidad personal con ciertos valores (culturales, ideológicos, morales…) que vemos reflejados en ella.

Suele suceder entonces que estamos tan seguros de que nuestra decisión es la correcta que ni nos planteamos la posibilidad de estar equivocados, así que no nos los pensamos mucho antes de dar el paso, y si lo pensamos es para buscar argumentos para autoconvencernos de que estamos haciendo lo correcto.

Otras veces nos puede la presión social. Es demasiado frecuente aquello de que “lo de fuera es mejor” o “lo fácil no es tan bueno/válido como lo difícil”. Nada mas lejos de la realidad, infravalorar lo cercano o lo sencillo por el mero hecho de serlo tiene tan poco sentido como ensalzar algo por su complejidad o lejanía, como si el refresco que comentábamos antes fuera mejor porque la lata es roja o azul sin haber probado el contenido.

Una vez tomada la decisión no hay vuelta atrás. Podremos rectificar nuestra ruta para cambiar de camino, pero nunca volveremos a la casilla de salida, es la ley del tiempo que no vuelve. Igual que es ley que nos equivocamos muchas veces a lo largo de nuestra vida.

Cuando eso ocurre, debemos estar atentos y aprender de nuestros errores. ¿Cómo? Comparando qué esperábamos y qué hemos encontrado o analizando por qué decidimos tomar un camino y por qué hemos decidido abandonarlo.

Pero no solo eso, también es importante quedarse con las cosas positivas que nos ha dejado, aunque solamente sea el paisaje del viaje.

Reencuentros

Ayer estuve chateando con quien habia sido mi profesor en Grado Medio; podia hacer perfectamente seis o siete años que no sabiamos nada uno del otro más que a través de terceras personas, pero seguramente por las horas y experiencias compartidas a lo largo de años no nos costó hablar con la naturalidad y la frescura con que se habla con el colega que ves a diario.

Después de la protocolaria y necesaria puesta al dia -qué tal todo, por donde paras, cómo va el trabajo, cómo está la familia….- me sinceré con él y le conté que ahora, ocho o nueve años después, me acuerdo mucho de sus clases, de sus correcciones, consejos -no solo en el ámbito de la técnica musical, también en la vida- y explicaciones. Lo cierto es que ahi están los conceptos y consejos, y en determinadas circunstancias los utilizo para solucionar problemas tanto en mis sesiones de estudio como en las clases con alumnos.