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Sé optimista

Vuelvo a las andadas blogueras. Después de algo más de un mes desde que me robaron la tuba y tener que centrar gran parte de mi energía en gestionar cómo volver a la normalidad en la medida de lo posible, me he propuesto volver a escribir e intentar recuperar un ritmo regular de publicación. También me he propuesto que éste tema no monopolice los contenidos del blog, aunque una situación de crisis siempre deja una huella profunda y, lo que es más importante si se es capaz de ver, lecciones importantes para la vida, y por eso sospecho que me va a dar para muchas reflexiones como la de hoy.

¿Medio lleno o medio vacío?
¿Medio lleno o medio vacío?

Fue una putada, sí, y no se lo deseo ni al peor de los músicos, pero lamentarse por ello no cambiará nada. Una situación desagradable, incómoda y que encima seguramente me va a costar un buen dinero que pensaba dedicar a otras cosas. Pero nada más; toca mirar al frente, seguir adelante y sacar lo positivo de la situación, aunque parezca imposible.

Una de las primeras cosas que me dijo un buen amigo fue “algo bueno sacarás de todo esto”, y tal como terminó la frase le miré con cara de incrédulo y con cierto sarcasmo. Pero la sentencia había calado, me cargó de optimismo e inconscientemente empecé a repasar la lista de posibles cosas buenas que estaba provocando la situación. De momento la lista no ha dejado de crecer, lo cual ayuda a convencerme de que todo lo que nos ocurre tiene sus consecuencias positivas.

Vale, no siempre apetece ser optimista. En ocasiones el cuerpo te pide meterte debajo de la manta, aislarte del mundo y quedarte a solas con tus malos rollos, sintiéndolos bien presentes presionando tu pecho; y reconozco que hacerlo también es necesario, porque ayuda a ser consciente de que no todo es coser y cantar. La vida es dura, sí, pero cuando ya lo sepamos (¿seguro que lo sabes? siempre hay alguien que está peor que tú) debemos enfrentarla con la mejor actitud. Es simple: sólo hay que cambiar el chip, hacer un pequeño esfuerzo y crear el hábito de ver el lado positivo de lo que nos pasa. Por una vez, y sin que sirva de precedente, haré una recomendación bibliográfica al respecto y os aconsejo encarecidamente Smile 🙂 de Rubén Turienzo.

Imagen de previsualización de YouTube

Todavía no os he dicho cuales son las cosas buenas que he sacado de todo esto: He conocido personas maravillosas y me ha dado la oportunidad de comprobar que la gente es buena y te ayuda desinteresadamente, por pura empatía; he tenido ocasión de plantearme seriamente cambiar de tipo de tuba, con todo lo que ello comporta, para acabar reafirmándome en mis “creencias tubísticas”; también ha sido la excusa para poner en claro mis prioridades en varios aspectos profesionales, que si bien es algo que hay que revisar con regularidad la rutina hace que se vaya posponiendo sine die; me ha dado la oportunidad de volver la vista atrás y comprobar que diez años dan para haber hecho muchísimas cosas que hace once no podía ni haber imaginado, y con ello llegar a la conclusión de aquel gran hombre de que la vida es eso que nos pasa mientras nos empeñamos en hacer planes.

Para terminar este post os dejo un vídeo cargado de optimismo de los mayores genios del humor, los Monty Phyton, en la que es su película más irreverente: La vida de Brian (recomendación absoluta para mentes librepensantes). En la escena final de la crucifixión, cuando todo parece absolutamente perdido, qué mejor que cantar “Busca siempre el lado bueno de la vida”….

 

Foto de BaileyRaeWeaver con licencia Creative Commons

Desprestigio musical

Con cierta regularidad vuelven a los muros de las redes sociales noticias relacionadas con la música, como aquella del niño curado de asma tocando la tuba o la incorporación de la música a la constitución suiza. En los últimos dias, y sin razón aparente, ha vuelto un artículo publicado en El País el 14 de Octubre de 2012 titulado España manda la música a otra parte.

Tal como reza el artículo, las escuelas municipales (o públicas de cualquier índole) se están llevando el grueso de los recortes en subvenciones, y no es menos cierto que la iniciativa privada también está sufriendo lo suyo. Ya hablé hace algunos meses de los beneficios que aporta a los más pequeños estudiar música, y puesto que no es el tema de este post no voy a extenderme en ello, pero valga esta mención para señalar la importancia de la educación musical.

Teaching
Imagen de nathanrussell con licencia Creative Commons

Ahora bien, alguien debería entonar el mea culpa de la devaluación social que sufre el músico en este país. Un músico que invierte horas, sacrifica vida social y realiza estudios paralelos a la educación reglada durante varios lustros y llega al final de su periodo formativo -incluida la casi obligada estancia en el extranjero- con la sensación de que todos sus esfuerzos no han servido de nada, porque sus perspectivas profesionales en España son escasas tirando a nulas y en muchos casos en unas condiciones denigrantes. Las opciones pasan forzosamente por la docencia o la interpretación.

Un buen ejemplo en el ámbito docente son las condiciones en muchas escuelas de música de ámbito privado: contratos por obra y servicio o en los que no se cobra el mes completo sinó  las clases impartidas, incluso dejando de pagar al profesor las ausencias de los alumnos; sueldos ínfimos contra matrículas desorbitadas; pagos poco ortodoxos con la fiscalidad; “permisos” laborales que deben ser recuperados… Por no hablar de los meses de verano: un contrato con doce pagas íntegras se antoja quimérico para el profesor de música del ámbito privado (y desde hace algunos meses también para el público interino en algunas comunidades autónomas). Estas circunstancias están a la  orden del día y todos los que nos dedicamos a la música conocemos una escuela así. Éstas condiciones de trabajo sin duda ayudan al desprestigio social del profesor de música y con ello a su desmoralización, condiciones ambas nada favorables para el correcto ejercicio de la docencia. Todo ello conduce a escuelas con cambios constantes de un profesorado que teniendo en cuenta la coyuntura profesional musical (la crisis para este sector no empezó en 2008….) y con la mejor voluntad y ánimo de supervivencia acepta unas condiciones que a la larga perjudican a la profesión en pleno.

El gestor de la entidad en cuestión argumentará que ésta es la única manera de obtener rentabilidad de su legítimo negocio, sin caer en la cuenta de que la mejor rentabilidad posible es tener profesores motivados que transmitan pasión a sus alumnos y éstos, a su vez, incentiven al profesor a seguir creciendo y por tanto atrayendo más alumnos e incrementando su nivel de exigencia y excelencia, creando así una bola de nieve de “rentabilidad pedagógica”. Afortunadamente, algunos gestores saben esto y cuidan a su profesorado como lo más valioso que tienen, obteniendo excelentes resultados.

Otra clase de desprestigio se da a nivel interpretativo.

¿Cuántas veces tendrá que oír el músico aquellas cantinelas de “No puedo pagarte (más), pero te servirá de promoción”? ¿A alguien se le ocurriría decirle al fontanero “No puedo pagarte (más), pero te servirá de promoción”? No, claro que no.

Continuará…

 

 

Alumnos 10

“Profesores que califican a sus alumnos de instrumento (elemental) con nota numérica de 10. ¿¿Ya no tienen nada que aprender y mejorar??”

Este pensamiento, lanzando al aire en plena época de calificaciones, dio pie al post que os traigo hoy. Para ser blogger tienen que gustarte las redes sociales, uso twitter y facebook para lanzar mis ideas con mucha frecuencia. Muchas pasan totalmente desapercibidas (afortunadamente, debería añadir), otras en cambio generan interesantes, intensos y apasionados debates que, en ocasiones merecen un trato más extenso.

10 10Es lo que sucedió con la frase que abre este post. Para poner en situación al personal: Finales del primer trimestre. Servidor entra a la página de calificaciones de la intranet del centro, y sin  ninguna intencionalidad observo que otro profesor ha calificado con nota numérica de 10 a varios de sus alumnos de un cursos intermedios de grado elemental. Reflexión instantánea y a las redes sociales.

Algunas opiniones defienden que, al tratarse de un sistema educativo basado en objetivos, si éstos son alcanzados satisfactoriamente deben traducirse en un incremento de la nota numérica, de manera que a mayor cantidad de objetivos alcanzados mayor será la calificación global hasta llegar al 10. En ese sentido, los objetivos (todos ellos) deberían ser objetivamente cuantificables; y ya sabemos que en la música pocas cosas son objetivas y cuantificables….

Tal como se deduce, mi postura particular es defender la imposibilidad de alcanzar la perfección que implica una nota máxima como es el 10/10. No en un ámbito como la educación musical elemental. No al menos de entrada. No en el primer trimestre del curso, cuando apenas empieza, y la maquinaria de las rutinas de clase y de estudio diario comienzan a  funcionar con solvencia.

Podría esgrimirse que ser trata de una calificación  de motivación para que el alumnado emprenda el trimestre de la mejor manera posible…

En definitiva, se trata de diferentes criterios respecto al proceso de aprendizaje de los alumnos y su plasmación en un boletín de calificaciones que, por su propia naturaleza, convierte a la homogeneidad jerárquica de una escala contable (ya sea en nota númerica o con un sistema de letras, al estilo “boloñés”) aquello que no puede ser medido objetivamente.

La creación de estructuras mentales que sustentan procesos de progreso cognitivo, el descubrimiento y desarrollo de las habilidades innatas y las que no lo son, la aprehensión de herramientas que permitan a esa persona expandirse en ámbitos complementarios pero fundamentales para su futuro como individuo social…. Se trata de cuestiones tan personales y únicas que el propio docente puede tardar años en detectar y asimilar en cada uno de sus alumnos.

Si el propio sistema es imperfecto, ¿Cómo alcanzar la perfección?

Es el momento de dejar tu opinión al respecto.

Tu si que vales

En el conocido concurso de televisión Tu si que vales se valoran las habilidades de los participantes en cinco minutos. Algunos profesores, tras años junto a un alumno son incapaces de apreciar su potencial.

Se acercan las fiestas navideñas y con ellas el boletín de notas en la mayoria de centros educativos. Algunos alumnos se encontraran con la desagradable ¿sorpresa? de tener una calificación por debajo del aprobado a pesar de pensar honestamente (muy probablemente con razón) que merecen más nota. Especialmente para ellos va dedicado este artículo.

Hace unos dias estuve cenando con una amiga y colega con quien hacía bastante tiempo que no coincidia, en gran medida debido a su, llamemosle, “inestabilidad geográfica”. Tal y como suele suceder en un encuentro entre colegas acabamos hablando de música y del panorama musical. Inevitablemente acabamos hablando de profesores de escuelas, orquestas y demás personajes del mundo de la música. En un momento de la conversación ella comentó: “Fulanito fue uno de los profesores que me decían que yo no servía para tocar”.

A raiz de ese comentario acabamos hablando de las dificultades, dudas y malos ratos que pasó en su etapa de estudiante por sentirse como una fracasada que no iba a llegar a ninguna parte (si es que hay alguna parte a la que llegar); todo ello provocado en gran medida por el diagnóstico de unos profesores que se equivocaban. ¡¡Y vaya como se equivocaban!!

La chica que hubiera hecho mejor haciendo una carrera cualquiera que tocando aprobó en el Conservatorio Nacional de París. Cuando terminó sus estudios allí fue admitida como alumna predilecta de uno de los mejores intrumentistas y profesores de su especialidad y actualmente es una intérprete de reputado nombre, demandada como solista por algunas de las mejores orquestas de Europa; por poner un ejemplo, toca con asiduidad en la Scala de Milán.

No hace falta buscar mucho para encontrar ejemplos como ella, más o menos todos conocemos alguna historia parecida. Asi que, si el boletin de notas dice “Tú no vales” hay que preguntarse honestamente a uno mismo si tiene razón y pensar que, al final, seremos lo que nosotros decidamos ser.