10
Sep
2012
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¿Qué quieres demostrar?

Sala anexa al escenario. Los músicos calientan, la mayoria de ellos con ejercicios técnicos, otros con pasajes de repertorio. De repente, uno imita a un compañero de sección, pero tocando mucho más fuerte y mirandole desafiante.

Todos hemos vivido en alguna ocasion una escena parecida, en la que un colega (o varios) busca desesperadamente ser el centro de atención con el objetivo de provocar la admiración y/o aprobación de la concurrencia.

Es verdad que cierto grado de competitividad es positivo para motivarnos. Marcarnos un objetivo concreto es importante para poder focalizar nuestros esfuerzos en una dirección, de manera que no terminemos dispersandonos tanto que no sabemos qué estamos haciendo. A veces nos cuesta marcarnos una meta nosotros mismos y alcanzar el nivel del compañero puede servirnos de motivación y objetivo para mejorar.

 

Pero tan importante como la competitividad y alcanzar objetivos es ser capaz de motivarse a uno mismo sin necesidad de compararse con los demás. Para motivarnos a nosotros mismos lo primero que necesitamos es conocernos: saber cuales son nuestras fortalezas y debilidades, las cosas para las que tenemos facilidad y las que nos cuestan, lo que nos gusta estudiar y lo que no…. Y a partir de ahi intentar mejorar para sentirnos felices y satisfechos con nosotros mismos.

Si  estamos siempre pendientes de demostrar a los demás cuanto sabemos y que bien tocamos, a la larga podemos caer en la necesidad constante de comparación y en ciertas prácticas poco agradables que nos pueden acabar perjudicando.

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