Del alumno autómata al alumno autónomo.

Todos conocemos alumnos que a priori muestran una técnica formidable pero que en cuanto profundizamos mínimamente son incapaces de resolver el menor contratiempo; a nivel expresivo las interpretaciones estos alumnos suelen ser más bien frías y mecánicas, inexpresivas quizá.

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Sin duda, son alumnos con un gran potencial (¿cuál no lo es?) que se quedan en la superficie. A veces tengo la sensación de que en lugar de enseñarles y ayudarles a aprender les han amaestrado para repetir una serie de movimientos mecánicos con un fin concreto, en este caso tocar una pieza concreta con un instrumento concreto. Sirva este artículo como una declaración de principios al respecto.

Tengo la firme convicción de que la misión del docente no debe centrarse tanto en el fin como en los medios, me explico: considero mucho más importante y valioso dar herramientas al alumno para que pueda buscar soluciones de manera autónoma y saque sus propias conclusiones que desvelarle la solución directamente y sin más explicación. Si les damos las herramientas y las instrucciones aprenderán a llegar por sus propios medios; ganarán, en definitiva, autonomía y libertad de movimientos en todos los aspectos de su vida.

Debemos enseñar al alumno a resolver el crucigrama, no resolverlo nosotros por él.

Ciertamente, existen cuestiones técnicas que por su naturaleza son insalvables sin una corrección explícita, pero aún en estos casos siempre cabe la posibilidad de ir más allá y buscar una segunda lectura a lo aprendido.

El proceso de aprendizaje del alumno provoca, la mayoria de las veces, una reacción empática en el profesor, que vive como propios los procesos, progresos, éxitos y fracasos de sus alumnos.

En ocasiones resulta frustrante y desalentador el estancamiento o falta de progreso (¿qué es progreso?) de un alumno. Pero seamos sinceros, la satisfacción que, pasado el tiempo, provocan la evidencia de evolución y los resultados positivos es, sencillamente, indescriptible; mucho más en casos complejos.

Es la recompensa al esfuerzo compartido entre el alumno y el profesor.

 

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